Escucho constantemente esta afirmación, tanto en consulta, como fuera de ella. Por suerte, casi siempre va acompañado de… «Y no me ha servido para nada». Y no lo digo por la preocupación de que mi profesión, como otras muchas, corra riesgo de desaparecer por las nuevas tecnologías, sino porque la IA (Inteligencia Artificial), puede ser un riesgo para la salud en algunos contextos. A continuación, te describo las razones por las cuales no deberías sustituir a un profesional titulado y cualificado por esta nueva tecnología.
- Falta de personalización: La IA genera recomendaciones basadas en datos genéricos. No puede evaluar el historial médico completo, analíticas de sangre, alergias, intolerancias, medicación y suplementos utilizados. Estos datos que vamos solicitando al paciente y recogiendo consulta tras consulta no serían tomados en cuenta y sus planes podrían no adaptarse a las necesidades metabólicas individuales.
- Error en los cálculos de necesidades nutricionales: Los modelos de IA pueden cometer fallos técnicos al calcular calorías y macronutrientes, a menudo resultando en planes excesivamente restrictivos o mal equilibrados. A veces es complicado, incluso para nutricionistas con experiencia, ajustar requerimientos por falta de información aportada por algunos pacientes. En nuestro caso, vamos ajustando en las sesiones indagando de dónde pueden venir estas desviaciones, a base de comunicación, cosas que no sucede con la IA.
- Datos incorrectos: A veces la IA te da respuestas con autoridad que parecen correctas pero que son falsas, carecen de fundamento científico o no citan fuentes fiables.
- No atiende al contexto sociocultural: Es muy importante saber el perfil de paciente que tenemos delante para que el consejo nutricional cree adherencia. Es importante tener en cuenta la religión (algunas restringen alimentos concretos), el nivel económico (no podrán permitirse productos de alto coste de manera frecuente aquellas personas con menos recursos), el nivel de ejecución culinaria y tiempo para cocinado (determinará el tipo de recetas más convenientes para su día a día), el grupo de edad (las preferencias alimentarias suelen variar y atenderlas hace que se disfrute más comiendo)…
- Falta de empatía y apoyo emocional: A diferencia de un profesional humano, la IA no entiende la relación emocional con la comida, la motivación o el acompañamiento necesario para cambiar hábitos a largo plazo. Esto, que podría llamarse psico nutrición, para mí es la parte más importante de mi trabajo y a la que dedico la mayor parte del tiempo de las consultas. Lo que la persona te cuenta, cómo lo expresa, lo que omite, pero tú intuyes por el lenguaje no verbal… todo esto se escapa a los ojos de la IA y para mí es clave para el éxito de nuestra profesión.
- Riesgo de trastornos de la conducta alimentaria: Las dietas generadas por IA suelen ser automáticas y restrictivas, lo que puede fomentar la obsesión por la comida, restricciones severas y, en consecuencia, trastornos de la conducta alimentaria (TCA). La IA no te va a explicar que una planificación nutricional debe ser flexible, que nosotros no somos robots que funcionan de la misma manera cada día y que debemos saber cómo actuar en diferentes contextos que se nos pueden plantear. Y sobre todo, que no ceñirse al plan al 100% no es un fracaso.
En resumen, la IA debe utilizarse solo como una herramienta de apoyo (quizás más por el experto, que por el paciente), no como un sustituto del razonamiento y la experiencia clínica de un nutricionista titulado, especialmente en poblaciones sensibles (infancia, adolescencia y personas con patologías).



